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«Los comedores de loto»: Alfred Tennyson; poema y análisis


«Los comedores de loto»: Alfred Tennyson; poema y análisis.




Los comedores de loto (The Lotos-Eaters) —a veces traducido al español como Los lotófagos— es un poema del romanticismo del escritor inglés Alfred Tennyson (1809-1892), publicado en la antología de 1833: Poemas (Poems).

Los comedores de loto, sin dudas uno de los mejores poemas de Alfred Tennyson, y probablemente el que reúne en sus versos todas las características del romanticismo, describe la inquietante aventura de un grupo de marineros, quienes luego de probar los pétalos de la flor de loto, logran entrar en un estado alterado de consciencia, aislándose así dentro de sus propias fantasías.

Esta intensa fuga de la realidad es extremadamente seductora. Los comedores de loto realmente quieren abandonar la realidad, las preocupaciones mundanas, y sobre todo ese estado de ensimismamiento, de insoportable languidez, propio de la filosofía del romanticismo, y de esta forma hundirse para siempre en el olvido.

Sin embargo, esta separación, o quiebre, con la realidad, no es del todo completo. Si bien cada uno de los comedores de loto está aislado dentro de su propia fantasía, la fuga se realiza en grupo, en comunidad, una especie de hermandad que, al final del poema, consigue abandonar las penas del mundo.

A continuación les dejamos la mejor traducción al español de Los comedores de loto de Alfred Tennyson, realizada por el gran traductor argentino Juan Rodolfo Wilcock.




Los comedores de loto.
The Lotos-Eaters, Alfred Tennyson (1809-1892)

Dulce música hay aquí, cuya cadencia es más suave que el descenso de los pétalos de las rosas, deshojadas sobre la hierba, o el rocío nocturno sobre las aguas quietas entre paredes de sombrío granito, en un desfiladero brillante; música que cae sobre el espíritu más suavemente que los cansados párpados sobre los ojos cansados; música que nos trae un dulce sueño desde los cielos bienaventurados. Aquí hay musgos frescos y profundos, y entre los musgos trepan las hiedras, y las flores de largos pétalos lloran sobre el arroyo, y la amapola pende soñolienta de los abruptos arrecifes.

¿Por qué soportar la fatiga, y consumirnos enteramente en la aguda aflicción, cuando todas las cosas descansan de su cansancio? Todas las cosas tienen descanso; por qué sólo nosotros nos esforzaremos, sólo nosotros, que somos las cosas principales; por qué gemiremos perpetuamente, arrojados de una tristeza a otra y nunca plegaremos nuestras alas, ni cesaremos nuestros peregrinajes, ni bañaremos nuestras frentes en el sagrado bálsamo del sueño; ni escucharemos lo que canta el íntimo espíritu: “No hay más alegría que el reposo”. ¿Por qué sólo nosotros nos esforzaremos, si somos la bóveda y la corona de las cosas?

¡Mirad! En medio del bosque, la hoja plegada de los brotes es solicitada por los vientos, sobre su misma rama, y allí crece y verdece, y de nada cuida, bañada por el sol a mediodía, y nocturnamente alimentada de rocío en la luz lunar; y cuando amarillea, cae, y desciende flotando por el aire. Mirad: endulzada por la luz estival, la jugosa manzana, excedida en su madurez, cae en la noche silenciosa de otoño. Y durante su espacio de días prefijados, la flor madura en su lugar, madura y se marchita, y cae, y no se fatiga, hondamente enraizada al fructífero suelo.

Odioso es el cielo azul oscuro, abovedado sobre el mar azul oscuro. La muerte es el término de la vida; ¿por qué sólo las fatigas ocuparán nuestra vida? Dejadnos solos. El tiempo avanza velozmente, y muy pronto enmudecerán nuestros labios. Dejadnos solos. ¿Qué cosa durará? Todo nos es arrebatado, y se convierte en porciones y partículas del temible pasado. Dejadnos solos. ¿Qué placer podemos hallar luchando contra el mal? ¿Qué paz hay en la superación eterna de las olas ascendentes? Todas las cosas tienen descanso, y maduran hacia la tumba, en silencio maduran, caen, y cesan; dadnos el largo reposo de la muerte, la oscura muerte, o la felicidad de los sueños.

¡Qué hermoso sería, oyendo la corriente que desciende, y con los ojos entrecerrados, adormecerse eternamente en un semiensueño! Soñar y soñar, como aquella luz ambarina, que nos abandona aún esa mata de mirra en la colina; oír las susurrantes palabras de los compañeros y comer los lotos, día tras día; contemplar los rizos crespos de la playa, y las tiernas líneas ondulantes de la espuma cremosa; entregar totalmente nuestros espíritus y nuestros corazones a la influencia de una amable melancolía; pensar y reflexionar, y vivir nuevamente en la memoria, con todos esos antiguos rostros de nuestra infancia, ya cubiertos por un montículo de hierba, dos manojos de polvo blanco encerrados en una urna de bronce.

Amable es la memoria de nuestras vidas conyugales, y amable el último abrazo de nuestras mujeres, y sus calientes lágrimas; pero todo ha sufrido un cambio; porque seguramente nuestros hogares están ahora fríos, nuestros hijos nos heredan, nuestro aspecto es extraño, y llegaríamos como fantasmas a turbar la alegría. O quizá los atrevidos príncipes de la isla han consumido ya nuestro patrimonio, y ante ellos canta el juglar los diez años de guerra de Troya, y nuestros grandes actos, como si fueran cosas semiolvidadas. ¿Habrá confusión en la pequeña isla? Que lo deshecho permanezca deshecho. Los Dioses son difíciles de reconciliar; es trabajoso instituir nuevamente el orden. Y hay confusión peor que la muerte, obstáculo sobre obstáculo, sufrimiento sobre sufrimiento, larga labor hasta la senectud, dolorosa obligación para estos corazones gastados por tantas guerras, y estos ojos nublados por el constante escrutinio de las estrellas conductoras.

Pero aquí, reclinados sobre lechos de amaranto y mandrágora, qué dulce –mientras las cálidas brisas nos acunan, flotando levemente- con tranquilos párpados entrecerrados, debajo de un cielo oscuro y sagrado, contemplar el largo río brillante que vierte sus aguas lentas desde la purpúrea colina –escuchar los húmedos ecos repitiéndose de caverna en caverna a través de la vid enmarañada-, contemplar el agua esmeraldina que cae entre tantas divinas guirnaldas de tejido acanto. Oír tan solo y ver la lejana espuma centelleante del mar; tan sólo oírla sería hermoso, extendidos debajo de los pinos.

Los Lotos florecen debajo de los estériles riscos, los Lotos brotan en cada fluctuante riachuelo; todo el día sopla suavemente el viento con dulcísimo sonido; a través de cada caverna vacía y cada sendero solitario, girando y girando, vuela el polen amarillo del Loto sobre las llanuras perfumadas.

Bastante hemos conocido la acción y el movimiento; hemos rodado a babor, rodado a estribor, cuando el oleaje se agitaba libremente, cuando el monstruo turbulento escupía sobre el mar sus fuentes de espuma. Hagamos un juramento, y mantengámoslo con constancia, de vivir en el vano país del Loto, y yacer reclinados y reunidos sobre las colinas, como los Dioses, indiferentes ante la humanidad. Ellos yacen junto al néctar, y los relámpagos nacen muy por debajo de ellos, sobre los valles, y las nubes se encrespan levemente en torno de sus casas doradas, circundadas por un mundo resplandeciente; allí sonríen en secreto, contemplando las tierras desoladas, la sequía y el hambre, plagas y terremotos, abismos rugientes y arenas incendiadas, combates clamorosos, ciudades en llamas, barcos que naufragan, y manos que rezan. Pero ellos sonríen, y descubren una música que asciende, centrada en un canto doloroso, un lamento y una antigua historia de injusticias, como una historia sin mayor sentido, aunque las palabras son terribles; donde se canta la raza oprimida de los hombres que aran la tierra, plantan la semilla, y cosechan el grano con interminable fatiga, ahorrando su pequeño diezmo anual de trigo, de vino, de aceite; hasta que perecen, y sufren –algunos, se murmura- en el hondo infierno, sufren eterna angustia, y otros descansan en los valles Elíseos, reposando sus fatigados miembros sobre macizos de asfódelo.

Seguramente, el ensueño es más dulce que la acción, y la costa más dulce que las fatigas en el profundo centro del océano, y el viento y las olas, y el remo; ¡oh descansad, hermanos marineros, ya no navegaremos más!


"Courage!" he said, and pointed toward the land,
"This mounting wave will roll us shoreward soon."
In the afternoon they came unto a land
In which it seemed always afternoon.
All round the coast the languid air did swoon,
Breathing like one that hath a weary dream.
Full-faced above the valley stood the moon;
And like a downward smoke, the slender stream
Along the cliff to fall and pause and fall did seem.

A land of streams! some, like a downward smoke,
Slow-dropping veils of thinnest lawn, did go;
And some thro' wavering lights and shadows broke,
Rolling a slumbrous sheet of foam below.
They saw the gleaming river seaward flow
From the inner land: far off, three mountain-tops,
Three silent pinnacles of aged snow,
Stood sunset-flush'd: and, dew'd with showery drops,
Up-clomb the shadowy pine above the woven copse.

The charmed sunset linger'd low adown
In the red West: thro' mountain clefts the dale
Was seen far inland, and the yellow down
Border'd with palm, and many a winding vale
And meadow, set with slender galingale;
A land where all things always seem'd the same!
And round about the keel with faces pale,
Dark faces pale against that rosy flame,
The mild-eyed melancholy Lotos-eaters came.

Branches they bore of that enchanted stem,
Laden with flower and fruit, whereof they gave
To each, but whoso did receive of them,

And taste, to him the gushing of the wave
Far far away did seem to mourn and rave
On alien shores; and if his fellow spake,
His voice was thin, as voices from the grave;
And deep-asleep he seem'd, yet all awake,
And music in his ears his beating heart did make.

They sat them down upon the yellow sand,
Between the sun and moon upon the shore;
And sweet it was to dream of Fatherland,
Of child, and wife, and slave; but evermore
Most weary seem'd the sea, weary the oar,
Weary the wandering fields of barren foam.
Then some one said, "We will return no more";
And all at once they sang, "Our island home
Is far beyond the wave; we will no longer roam."

Choric Song:


There is sweet music here that softer falls
Than petals from blown roses on the grass,
Or night-dews on still waters between walls
Of shadowy granite, in a gleaming pass;
Music that gentlier on the spirit lies,
Than tir'd eyelids upon tir'd eyes;
Music that brings sweet sleep down from the blissful skies.
Here are cool mosses deep,
And thro' the moss the ivies creep,
And in the stream the long-leaved flowers weep,
And from the craggy ledge the poppy hangs in sleep.

Why are we weigh'd upon with heaviness,
And utterly consumed with sharp distress,
While all things else have rest from weariness?
All things have rest: why should we toil alone,
We only toil, who are the first of things,
And make perpetual moan,
Still from one sorrow to another thrown:
Nor ever fold our wings,
And cease from wanderings,
Nor steep our brows in slumber's holy balm;
Nor harken what the inner spirit sings,
"There is no joy but calm!"
Why should we only toil, the roof and crown of things?

Lo! in the middle of the wood,
The folded leaf is woo'd from out the bud
With winds upon the branch, and there
Grows green and broad, and takes no care,
Sun-steep'd at noon, and in the moon
Nightly dew-fed; and turning yellow
Falls, and floats adown the air.
Lo! sweeten'd with the summer light,
The full-juiced apple, waxing over-mellow,
Drops in a silent autumn night.
All its allotted length of days
The flower ripens in its place,
Ripens and fades, and falls, and hath no toil,
Fast-rooted in the fruitful soil.

Hateful is the dark-blue sky,
Vaulted o'er the dark-blue sea.
Death is the end of life; ah, why
Should life all labour be?
Let us alone. Time driveth onward fast,
And in a little while our lips are dumb.
Let us alone. What is it that will last?
All things are taken from us, and become
Portions and parcels of the dreadful past.
Let us alone. What pleasure can we have
To war with evil? Is there any peace
In ever climbing up the climbing wave?
All things have rest, and ripen toward the grave
In silence; ripen, fall and cease:
Give us long rest or death, dark death, or dreamful ease.

How sweet it were, hearing the downward stream,
With half-shut eyes ever to seem
Falling asleep in a half-dream!
To dream and dream, like yonder amber light,
Which will not leave the myrrh-bush on the height;
To hear each other's whisper'd speech;
Eating the Lotos day by day,
To watch the crisping ripples on the beach,
And tender curving lines of creamy spray;
To lend our hearts and spirits wholly
To the influence of mild-minded melancholy;
To muse and brood and live again in memory,
With those old faces of our infancy
Heap'd over with a mound of grass,
Two handfuls of white dust, shut in an urn of brass!

Dear is the memory of our wedded lives,
And dear the last embraces of our wives
And their warm tears: but all hath suffer'd change:
For surely now our household hearths are cold,
Our sons inherit us: our looks are strange:
And we should come like ghosts to trouble joy.
Or else the island princes over-bold
Have eat our substance, and the minstrel sings
Before them of the ten years' war in Troy,
And our great deeds, as half-forgotten things.
Is there confusion in the little isle?
Let what is broken so remain.
The Gods are hard to reconcile:
'Tis hard to settle order once again.
There is confusion worse than death,
Trouble on trouble, pain on pain,
Long labour unto aged breath,
Sore task to hearts worn out by many wars
And eyes grown dim with gazing on the pilot-stars.

But, propt on beds of amaranth and moly,
How sweet (while warm airs lull us, blowing lowly)
With half-dropt eyelid still,
Beneath a heaven dark and holy,
To watch the long bright river drawing slowly
His waters from the purple hill--
To hear the dewy echoes calling
From cave to cave thro' the thick-twined vine--
To watch the emerald-colour'd water falling
Thro' many a wov'n acanthus-wreath divine!
Only to hear and see the far-off sparkling brine,
Only to hear were sweet, stretch'd out beneath the pine.

The Lotos blooms below the barren peak:
The Lotos blows by every winding creek:
All day the wind breathes low with mellower tone:
Thro' every hollow cave and alley lone
Round and round the spicy downs the yellow Lotos-dust is blown.
We have had enough of action, and of motion we,
Roll'd to starboard, roll'd to larboard, when the surge was seething free,
Where the wallowing monster spouted his foam-fountains in the sea.
Let us swear an oath, and keep it with an equal mind,
In the hollow Lotos-land to live and lie reclined
On the hills like Gods together, careless of mankind.
For they lie beside their nectar, and the bolts are hurl'd
Far below them in the valleys, and the clouds are lightly curl'd
Round their golden houses, girdled with the gleaming world:
Where they smile in secret, looking over wasted lands,
Blight and famine, plague and earthquake, roaring deeps and fiery sands,
Clanging fights, and flaming towns, and sinking ships, and praying hands.
But they smile, they find a music centred in a doleful song
Steaming up, a lamentation and an ancient tale of wrong,
Like a tale of little meaning tho' the words are strong;
Chanted from an ill-used race of men that cleave the soil,
Sow the seed, and reap the harvest with enduring toil,
Storing yearly little dues of wheat, and wine and oil;
Till they perish and they suffer--some, 'tis whisper'd--down in hell
Suffer endless anguish, others in Elysian valleys dwell,
Resting weary limbs at last on beds of asphodel.
Surely, surely, slumber is more sweet than toil, the shore
Than labour in the deep mid-ocean, wind and wave and oar;
O, rest ye, brother mariners, we will not wander more.


Alfred Tennyson (1809-1892)




Poemas góticos. I Poemas de Alfred Tennyson.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Alfred Tennyson: Los comedores de loto (The Lotos-Eaters), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Los principales linajes y estirpes entre las HADAS


Los principales linajes y estirpes entre las HADAS.




Existe una innumerable cantidad de razas de hadas, sobre todo provenientes de la mitología celta, de manera tal que los investigadores han debido recurrir a distintas clasificaciones para tratar de entender la posición que ocupa cada una de ellas dentro de la gran familia.

Las hadas se dividen en dos categorías principales, conocidas como las Cortes Seelie y Unseelie.

La palabra seelie proviene del Inglés Antiguo sǣl, que significa «feliz», aunque a veces se lo interpreta como «afortunado» o «bendecido». Por el otro lado, unseelie —del Inglés Antiguo gesǣlig— significa «infeliz», pero también «desafortunado» o «profano».

Estas dos categorías: Seelie y Unseelie, clasifican a las hadas en términos de temperamento. En esencia, ambas son parte de la misma raza, pero con agendas completamente distintas.

Las hadas que pertenecen a la Corte Seelie pueden llegar a ser bondadosas con el ser humano, o en el peor de los casos, indiferentes, pero rara vez violentas; mientras que las hadas de la Corte Unseelie se caracterizan por su hostilidad.

Algunos investigadores asocian esta división entre las hadas con la clasificación que los mitos nórdicos realizan sobre los Elfos.

Por un lado, tenemos a los Elfos de la Luz (Ljósálfar); por el otro, a los Elfos Oscuros (Dökkálfar). Ambas sub-especies poseen las mismas características que las hadas Seelie y Unseelie, es decir, los primeros son bondadosos con el hombre, mientras que los segundos son francamente maliciosos.

El poeta William Butler YeatsEl crepúsculo celta: hadas y folklore (The Celtic Twilight: Faerie and Folklore)— expandió esta primera clasificación, que en definitiva explica las diferencias en términos demasiado genéricos, básicamente entre hadas buenas y hadas malas, sin espacio para las estirpes y linajes en particular.

W.B. Yeats creyó, por regla general, que las hadas maliciosas casi siempre actúan solas, mientras que las hadas bondadosas generalmente se mueven en grupos. Fue así que el poeta estableció dos nuevas clasificaciones: Trooping Fairies (o Tropa de Hadas), y Solitary Fairies (Hadas Solitarias).

La primera división se caracteriza por moverse únicamente en grupo, generalmente en largas y espléndidas procesiones por los bosques, tal como testimonia el poeta William Blake; quien, según él mismo afirmó, de niño avistó una larga procesión con motivo del funeral de un hada.

La segunda división clasifica únicamente a las hadas solitarias, es decir, aquellas que por algún motivo u otro han sido expulsadas, relegadas, o que sencillamente han elegido el camino de la rebeldía, y que desde entonces vagan solas por los bosques y los arroyos, estableciendo pequeños territorios que defienden con gran tenacidad.

La investigadora Katharine Mary Briggs —La anatomía de Puck (The Anatomy of Puck)— añadió una tercera categoría de hadas, que básicamente define a las Hadas Domesticadas (Domesticated Fairies); es decir, aquellas hadas que pueden convivir en armonía con los seres humanos, incluso bajo el mismo techo.

En esta última categoría de hadas domésticas se incluye a los Brownies, de quienes se dice que ayudaron a Robert Louis Stevenson a componer varias de sus obras.

Las hadas que pertenecen a la Corte Seelie se caracterizan por buscar la ayuda de los seres humanos, no únicamente por prestarla, y además por devolver los favores recibidos con el cumplimiento de algún tipo de deseo multiplicado por tres.

De ellas procede la leyenda de las Hadas Madrinas; es decir, de que es posible pedirle tres deseos a las hadas.

Pero esto no significa que las hadas de la Corte Seelie sean totalmente inofensivas.

Si se las ofende, o se transgrede alguna norma impuesta por ellas, sobre todo relacionadas con la prohibición de visitar un lugar específico del bosque, buscarán venganza.

Así las define Katharine Mary Briggs en el libro: Enciclopedia de hadas, hobgoblins, brownies, bogies y otras criaturas sobrenaturales (An Encyclopedia of Fairies, Hobgoblins, Brownies, Boogies, and Other Supernatural Creatures):


Una hada perteneciente a esta corte se vengará de los insultos y podría ser propensa a realizar travesuras.

(A fairy belonging to this court will avenge insults and could be prone to mischief)


Es importante aclarar que por travesuras las hadas entienden acciones que para nosotros resultan detestables, como robar niños y suplantarlos por los suyos. A ellos corresponde la leyenda de los Changeling: los hijos de las hadas criados por mujeres humanas.

En cualquier caso, el temperamento y el carácter de las hadas, desde nuestra perspectiva, resulta sumamente inestable, a incluso volátil. Tampoco tienen muy en claro cuál es nuestro límite de tolerancia, de forma tal que no es infrecuente que las bromas de las hadas, sus travesuras, terminen yendo demasiado lejos.

Del mismo modo en el que reaccionan con violencia ante alguna ofensa, real o imaginaria, las hadas también olvidan rápidamente. Por el otro lado, es decir, desde la perspectiva de las hadas, el ser humano les resulta una criatura un tanto aburrida y preocupada por asuntos que a ellas no les generan el menor interés.

En general, todas las familias de hadas, Seelie y Unseelie por igual, se dejan ver únicamente durante el crepúsculo. Por eso se las conoce también como las Doradas (The Golden Ones) y la Corte del Verano (The Summer Court). Cada familia tiene su lengua propia, aunque comparten una especie de lengua franca: el lenguaje de las hadas, del cual conocemos apenas unas pocas palabras.

La Corte Unseelie agrupa a las hadas con tendencias más solitarias: algunas fueron expulsadas, otras se alejaron voluntariamente de sus familias, pero en cualquier caso es la soledad la que acentúa sus impulsos retorcidos.

Contrariamente a lo que ocurre con las hadas de la Corte Seelie, no hace falta ofenderlas para conocer su costado más oscuro.

Si bien estas hadas son, en esencia, solitarias, pueden moverse en grupos reducidos, sobre todo cuando se agrupan para realizar un ataque coordinado. Los investigadores Brian Froud y Alan Lee —Hadas (Faeries)— definen de esta forma una de las tantas travesuras de las Unseelie cuando se mueven en compañía:


Aparecen de noche y atacan a los viajeros, llevándolos a menudo por el aire, golpeándolos y forzándolos a cometer actos tales como disparar contra el ganado.

(They appear at night and assault travelers, often carrying them through the air, beating them, and forcing them to commit such acts as shooting at cattle)


Pero así como no todas las hadas Seelie son benevolentes, tampoco las Unseelie son exclusivamente malvadas.

Muchas pueden incluso sentir un fuerte lazo emocional con los humanos que se muestran respetuosos con ellas; aunque en este último ejemplo las cosas también pueden volverse inquietantes, en especial cuando un hada se enamora de un hombre mortal, el cual terminará siendo, en el peor de los casos, una simple mascota de sus caprichos.

Aún dentro de estas dos grandes clasificaciones, Seelie y Unseelie, las hadas poseen diferentes jerarquías, rangos y personalidades.

Las Unseelie son, por naturaleza, rebeldes y solitarias, y rara vez responden ante una superiora, salvo cuando las circunstancias las obligan. Las Seelie, por su parte, cuentan con un sistema social flexible. De hecho, las procesiones son conducidas por la aristocracia de las hadas, la elite, por llamarla de algún modo, conocida como Aos Sí.

Para finalizar hay que decir que buena parte de lo que sabemos sobre las divisiones, estirpes y linajes de estas criaturas, proviene del romanticismo, el período en el que las hadas abandonaron nuestro plano de existencia; más precisamente en el año 1799, tal como lo determinó Anna Kingsford. Poco sabemos sobre su estructura social antes de esta época.

El éxodo de las hadas, sobre todo de la rama Seelie, se prolongó hasta el año 1912. Es decir que, desde entonces, solo quedan algunas pocas hadas dispersas en el mundo, casi todas ellas hurañas, hostiles, demasiado aferradas a la tierra como para partir definitivamente hacia otros planos de existencia.




Mitología comparada. I Seres fantásticos de la mitología.


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Remedios caseros de la Edad Media para curar el MAL DE AMORES


Remedios caseros de la Edad Media para curar el MAL DE AMORES.




El MAL DE AMORES en el medioevo cuenta con una vasta bibliografía. De hecho, el amor como enfermedad en la Edad Media fue uno de los motores principales en el desarrollo de la medicina. No hablamos aquí de pociones de amor de la Edad Media, sino de remedios caseros para curar los malestares producidos por el amor.

El llamado MAL DE AMORES, al cual podríamos definir como una mezcla de desengaño, frustración y tristeza, estaba ampliamente difundido en la Edad Media como un padecimiento tanto físico como emocional. De hecho, el MAL DE AMORES, de acuerdo a los boticarios y herbolarios de la época, podía producir toda clase de desarreglos en el organismo.

En este sentido, los remedios caseros para el MAL DE AMORES no se diferenciaban de los que eran utilizados, por ejemplo, para curar dolores estomacales, urticarias y fuegos de San Antón. La creencia más extendida al respecto sostenía que al curar los malestares físicos que producían las penas de amor estas últimas desaparecían.

La medicina en la Edad Media era, en términos generales, bastante simple y directa en cuanto a ingredientes. A menudo bastaban unas cuantas hierbas, cosechadas en el momento exacto del año, para tratar el MAL DE AMORES. En cualquier caso, sugerimos al lector apesadumbrado por problemas sentimentales que no utilice ninguno de estos brebajes.

Estos son algunos de los más inusuales remedios caseros para el MAL DE AMORES en la Edad Media.



9- Poción de San Pablo para los conudos.

Si uno tenía la mala fortuna de que su pareja le fuera infiel en la Edad Media, es probable que se le recomendara beber la Poción de San Pablo, apta para los cornudos y sus síntomas: problemas estomacales, catalepsia y epilepsia.

Ingredientes: salvia, regaliz, hojas de sauce, hinojo, canela, jengibre, clavo, mandrágora y pimienta.

Si bien esto parece la lista de compras de una bruja, lo cierto es que muchos de estos ingredientes son óptimos para la salud: el regaliz es bueno para tratar la tos y la bronquitis; la salvia mejora la circulación sanguínea; las hojas de sauce contienen ácido salicílico, un componente de la aspirina; el hinojo, la canela y el jengibre cuentan con sustancias carminativas, las cuales ayudan a liberar el gas de los intestinos; la mandrágora, en la dosis precisa, puede reducir los niveles de ansiedad.

De qué forma esta poción es recomendable para la epilepsia y la catalepsia, lo desconocemos, pero sin dudas era uno de los remedios más populares entre los cornudos de la Edad Media.


8- Caldo de orina para los amores no correspondidos.

Si uno estaba enamorado, pero ese amor no era recíproco, ocurrían dos cosas: uno recibía un gancho atroz a la autoestima, y, tras la visita al barbero, un repugnante remedio para aliviar los padecimientos físicos que producía el rechazo.

Se pensaba que el rechazo sentimental, al menos en ciertos casos, producía un agudo dolor en la espalda, y más específicamente el nervio ciático; en cuyo caso se recetaba lo siguiente:

Caldo de gallina, con el agregado de carne de buey, dos cucharadas de pimienta, comino, nueces y buen chorro de orina matinal, desde luego, del propio paciente.

Esto aliviaba los humores acumulados en la espalda, que a su vez se producen, como todos saben, cuando la persona que amamos se empeña obstinadamente en amar a otro.


7- Caracoles para tratar dejar de extrañar a alguien.

De acuerdo a varios tratados medicinales de la Edad Media, el hecho de extrañar excesivamente a alguien genera cierto enrojecimiento en la piel. Para tratar este inopinado síntoma se recomendaba lo siguiente:

Recolectar una docena de caracoles, curarlos durante una semana alimentándolos con hojas de menta, y finalmente frotarlos en las áreas enrojecidas.

Hoy sabemos que la baba de caracol contiene antioxidantes, antisépticos, anestésicos, anti-irritantes, anti-inflamatorios y antibióticos, así también como colágeno y elastina, vitales para la reparación de la piel. Lo que no sabemos es cómo los problemas epidérmicos ocurren como consecuencia de extrañar demasiado a alguien.


6- Puchero fermentado para conseguir marido.

Las solteronas no la pasaban bien en la Edad Media, aunque tampoco las mujeres casadas disfrutaban demasiado que digamos. En cualquier caso se creía que las mujeres que querían conseguir marido, y fracasaban en el intento, podían sufrir graves problemas en la vista.

Se les recetaba lo siguiente.

Cantidades iguales de puerro y cebolla, un diente de ajo, doce gotas de vino y un huevo. Revolver en un recipiente de cobre, dejar reposar durante nueve noches, y luego colar a través de un paño. Entonces, a la medianoche, se aplicaba este puchero, que seguramente desprendía un hedor pestilente, sobre los párpados y los ojos.

La cebolla y el ajo poseen propiedades antibióticas, y quizás podrían haber ayudado a curar infecciones en los ojos, como un orzuelo. Por otro lado, el ácido acético del vino habría reaccionado en el recipiente de cobre para formar sales de cobre, que son bactericidas.

De acuerdo al saber de los antiguos boticarios, esto limpiaba la vista de la solterona, aunque no estamos en condiciones de verificar si realmente servía para conseguir marido.


5- Guiso de búho para la impotencia.

Si bien no se trata de un síntoma del MAL DE AMORES, se creía que las brujas causaban impotencia en los hombres, y que una de las consecuencias de esta desgraciado ataque eran los problemas maritales. En cualquier caso, la impotencia estaba asociada a la gota, y esta podía ser tratada con un exquisito guiso de búho.

La receta era la siguiente:

Un búho, totalmente desplumado y limpio de vísceras, era curado con sal. Luego se lo colocaba en una olla con agua, preferentemente nueva, y era cubierto con una piedra. Tras hervir se lo retiraba del fuego y se lo dejaba enfriar; posteriormente se le agregaba grasa de jabalí, y en última instancia se untaba la preparación en todo el cuerpo, con especial énfasis en las áreas donde la impotencia viril es más evidente.


4- Cebada y verbena para curar el desengaño.

Los desengaños amorosos estaban vinculados en la Edad Media con la cefalea, es decir, con el dolor de cabeza. La receta para curar la migraña, y en consecuencia el sufrimiento producido por el desengaño, era la siguiente:

Picar hojas de verbena y mezclar con cebada. Hervir, dejar enfriar, envolver en un paño y aplicar sobre la frente.

Curiosamente, la mezcla posee fármacos alcaloides que pueden aliviar el dolor de cabeza, aún los más severos, al ser aplicados en cataplasmas, es decir, para su uso externo.

Por otro lado, la verbena posee propiedades comprobadas científicamente para aliviar la ansiedad, e incluso los estados depresivos.


3- Gatos negros para enamorar a un hombre.

Aquellas mujeres que deseaban lucir más atractivas en la Edad Media para enamorar a un hombre pero sin recurrir a la brujería, siempre podían visitar a su boticario de confianza.

Muchos pensaban que el MAL DE AMORES podía producir un agudo dolor de garganta, que afeaba las facciones femeninas; y estas dos afecciones eran tratables con suma benevolencia, salvo para los gatos.

En estos casos el boticario tomaba un gato negro y gordo —lo segundo, muy infrecuente en la Edad Media— y lo desollaba. Se lo hervía, y con la grasa liberada se amasaba una especie de compresa, a la cual se le añadía salvia, albahaca, madreselva y cera. Posteriormente se aplicaba el preparado en el cuello de la mujer.

Si bien el uso de este preparado estaba bastante extendido entre las mujeres que deseaban enamorar a un hombre en particular, también sabemos que era uno de los medicamentos más utilizados por el papa Clemente VI cuando estaba enfermo.

No hay relación entre la receta y la superstición del gato negro.


2- Marrubio para enamorar a una mujer.

Así como las mujeres, se creía, sufrían de dolor de garganta cuando un hombre al que amaban se mostraba inaccesible, los caballeros sufrían de tos. Y para eso se recomendaba lo siguiente:

Hojas de marrubio (Marrubium vulgare), machacadas y filtradas para lograr un té medicinal; el cual de hecho es excelente para tratar la tos.

Al parecer, cuando un hombre quería enamorar a una mujer, pero no lo conseguía, se pensaba que esto podía afectar el tono de su voz; en otras palabras, que podía afeminarlo, haciendo que su voz sea más aguda.

El marrubio, en todo caso, revitalizaba las cuerdas vocales y le permitía al paciente volver a la carga, esta vez con un tono mucho más enérgico y varonil.


1- Comino y anís para el MAL DE AMORES.

El MAL DE AMORES, en términos generales e independientemente de sus causas, producía cólicos, y podía ser tratado del siguiente modo:

Partes iguales de comino y anís. Poner en una olla con vino, cubrirlo, y dejarlo reposar tres días y tres noches. Luego se filtraba el vino, se secaba el preparado, y se lo mezclaba con cenizas de madera de fresno. Este polvo verdaderamente putrefacto era ingerido durante siete días.

Tanto el anís como el comino son carminativos, es decir que este medicamento realmente podía erradicar los cólicos.

Una vez aliviado el malestar gástrico, el MAL DE AMORES también desaparecía, o al menos eso fingían los pacientes medievales.




El lado oscuro del amor. I Amores prohibidos.


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